Uno de los temas sociales que más me llaman la atención es el de la desigualdad. He leído mucho material sobre ello y de los distintos estudios que he visto el que trataba en esta entrada es de los que más me ha impactado.
Evitar el extremismo en el debate
Se trata de un trabajo de Dan Ariely resumido en este artículo
Americans Want to Live in a Much More Equal Country (They Just Don’t Realize It)
Donde realizan un análisis social, es decir más amplio que el meramente económico.
Muy brevemente, llega a la conclusión que en Estados Unidos:
- Creen que la desigualdad existente es mucho menor que la que realmente hay
- La gente prefiere menos desigualdad que la que creen que hay.
Básicamente, viene a decir que cuando se le preguntan a las personas sus preferencias sobre la desigualdad, dividiendo a la población en cinco partes y distribuyendo la riqueza entre esas cinco partes, suelen responder con una relación de 1 a 4. Es decir, que el quinto de la población más rica debería ganar 4 veces más que el quinto de la población más pobre. Usar este sistema de quintas partes es la metodología que se utilizar para el coeficiente de Gini.
Había una premisa que se les indicaba a las personas antes de que respondieran: deberían ser indiferentes a su posición en esa sociedad. Es decir, que el modelo que prefiriesen tendría que ser uno en el que no les importara estar en un quintil o en otro. A este concepto se le conoce como “velo de la ignorancia”. Así se consigue que no impacten las circunstancias individuales que pueden sesgar las respuestas, como la raza, la riqueza actual del individuo, etc.
En un estudio posterior
What do Americans know about inequality? It depends on how you ask them
se criticaban la metodología usada en el de Ariely. Decían que hay una incongruencia con la interpretación de la pregunta que hacían encuestados. Mientras que en el de Ariely se les preguntaba por una distribución por quintos de población de la riqueza, en este se les consultaba por la riqueza que debería tener un individuo cualquiera en cada quinto de población. Y con estas respuestas la relación aumentaba hasta 1 a 50. Es decir, en este caso la preferencia por el nivel de desigualdad era mayor.
En este segundo estudio mencionaban que, al preguntarles a las personas encuestadas una vez que les hicieron ver la incongruencia de la disparidad de las dos respuestas a la supuesta misma pregunta, estos decían que la respuesta de mayor desigualdad reflejaba mejor sus preferencias.
Aunque tiene sentido la crítica, porque en el fondo son incongruentes las dos respuestas (cuando realmente se está planteando lo mismo) pienso que es distinto que se le interpele a alguien por cómo quiere que esté estructurada la riqueza de una sociedad a cuanto cree que debería tener una persona en concreto de cada grupo. Creo que nuestro enfoque mental difiere en cada caso, pero no pasa de ser una conjetura mía.
Aún así, y es lo que realmente llama la atención, si comparamos el primer caso 1 a 4 y el segundo 1 a 50 con el dato real de desigualdad que es 1 a 1.000 (en el caso de Estados Unidos), el impacto es sorprendente. Y, aunque con cifras distintas, se pueden llegar a las mismas conclusiones que con el estudio de Ariely.
