Salud y diseño urbano

Un pueblo para andar

Miguel_Carrero
Miguel Carrero

Se ha terminado en Pinto la obra del nuevo camino paralelo a la vía y en pocos días volvió a tener la misma concurrencia de antes. Me vi afectado cuando lo cerraron para hacer la obra porque salgo varias veces a pasear al perro y ese camino es un escape a calles con coches, obstáculos urbanos, etc. Coges el camino y tienes un kilómetro de paseo casi sin perturbaciones.

Sorprende al pensar en ello que este tipo de ideas no prosperen más, siendo tan sencillas. ¿Por qué no entonces ser más pro-activo? A los dos lados de ese camino hay senderos por las partes bajas que se podrían acondicionar y sería más transitada la zona. Habría menos conflictos con, por ejemplo, los ciclistas que reclaman también espacios para su actividad.

En los dos parques “gemelos” que hay en frente del apeadero de la tenería, o donde el grupo de olivas pegado al colegio Isabel la Católica, también se está terminando de poner un camino. Pero utilizando espacio verde. Cosa que nos puede parecer lógica, pero ¿por qué no entrar directamente a la raíz del asunto?

Camino en Pinto

 

El diseño de las ciudades

Es fácil pensar que las ciudades se diseñan en función de las necesidades de su población. Pero normalmente ese diseño responde a ideas previas que están en la escala de valores por encima de las necesidades de las personas. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, hacer calles como la Avenida de Juan Pablo II con tres carriles para coches por sentido cuando la densidad de población no lo requiere?. Los edificios son de tamaño medio.

Uno de los males endémicos de nuestro modo de vida es cada vez más la falta de actividad física, problema potenciado por estos diseños urbanos totalmente fuera de sintonía. ¿Por qué no, por ejemplo, ensanchar las aceras hasta abarcar un carril de los tres, y que fueran zonas verdes? Fomentaría el paseo, la actividad física, así la interacción entre vecinos. El comercio de a pie de calle se vería favorecido porque en el paseo tranquilo siempre hay un rato para pararse ante el escaparate.

O el camino de la vía. ¿Por qué no alargarlo, cruzando todo el aparcamiento del apeadero, hasta conectarlo directamente con el camino que lleva hasta el parque lineal pegado a Nassica? ¿Animaría ello a alargar los paseos? ¿Facilitaría la convivencia, la salud, el contacto con zonas rurales? Claro que se puede contra-argumentar que restaría plazas de aparcamiento, pero ¿a qué diseño responde el aparcamiento del apeadero sino a facilitar el acceso en automóvil?

“Es que por la mañana vamos con prisas” “Es que es más cómodo ir en coche”

¿De qué distancias hablamos? Vivo a unos 800 metros de la estación del centro, todas las mañanas laborables hago ese camino andando, 10 minutos, acomodo mis hábitos a las circunstancias y es obvio que ello repercute en mi salud de forma positiva. Podría ir en coche, han habilitado un nuevo aparcamiento que me lo facilitaría. Pero es mi escala de valores lo que me mueve a hacerlo de un modo u otro. ¿Qué sería revolucionario? Limitar el aparcamiento a las necesidades de las personas con problemas de movilidad.

El apeadero de la Tenería son unos 15 minutos andando… ¿Prefiero comodidad o salud?

Una vuelta de tuerca

En general a todos nos preocupan los niños cuando van por la calle, siendo el tráfico el mayor peligro con el que se pueden encontrar. Esto, como venimos diciendo, es fruto de un diseño que no responde a las necesidades vitales de las personas.

Imaginemos tomar como base del diseño urbano el bienestar de los niños en la calle. No sólo espacios abiertos en los que puedan correr y deambular, sino que por ejemplo puedan ir de casa al colegio andando. ¿Imaginan el cambio que esto supondría?

Pues este tipo de proyectos ya se han realizado en muchas poblaciones alrededor del mundo. En concreto recuerdo que en un pueblo en Italia rediseñaron todo para que los niños pudieran ir de casa al colegio andando sin cruzar ninguna carretera. El resultado no sólo fue que se redujo la circulación de vehículos, también descendieron, por ejemplo, las afecciones coronarias ya que el nuevo modelo suponía andar más.

Carl Honoré, en su libro Elogio de la Lentitud, anima a tomar este tipo de cambios no sólo bajo la premisa de la salud sino la importancia de ir más lentos. Si quiero un aparcamiento al lado de la estación no es ya sólo por la comodidad aparente, sino que la rapidez en llegar lo hemos convertido en necesidad. Esos 15 minutos los queremos aplicar en dormir un poco más, por ejemplo, pero esa necesidad podemos cubrirla acostándonos un poco más temprano no cediendo a tanto entretenimiento que se nos facilita con la tele, los videojuegos… Cuestión de hábitos y de una escala de valores correcta.

Facilito el enlace de la web del proyecto “La Ciudad de los Niños”, que promueve este tipo de estilos urbanos.

Y este otro de la organización de ciudades que trabajan por un estilo de vida más lento

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *