El extremismo en el debate

Qué hacer para reducirlo

Miguel_Carrero
Miguel Carrero

Prácticamente estamos acostumbrados a la situación tan radical que se ha alcanzado en redes sociales y medios de comunicación con el tema político. Lo que no quita que sea muy desagradable y parece que no tiene solución.

Pero ¿realmente somos tan diferentes en nuestros planteamientos políticos? ¿Hay justificación para tanto enfrentamiento?

Una investigación que desarrolló Dan Ariely, que la podemos rescatar de este artículo enlazado, o ver cómo lo explica en este vídeo

Me dejó desde un primer momento impactado. A una conclusión que llega es que prácticamente todo el mundo quiere una sociedad mejor, con menos desiguadades, tanto personas de ideología conservadoras como progresistas. En el caso del estudio, en Estados Unidos, un 93% de demócratas y un 90% de republicanos coincidían en sus preferencias por una sociedad con un nivel de desigualdad incluso menor que el de Suecia.

Pero entonces, ¿cómo hemos podido llegar a una situación como la actual? El enfrentamiento ideológico cada vez es más exacerbado, las redes sociales son un hervidero de odio, disputas y mal gusto. Tengo que confesar que yo también he participado en alguna de esas batallas, defendiendo, llegando a lo absurdo, una ideología. Hasta que entró por el otro bando un conocido de toda la vida, defendiendo con el mismo fervor el otro punto de vista y, lamentablemente, llegando incluso al desprecio verbal.

Jared Diamond, en su libo «Crisis» comenta que la radicalización de los políticos ha pasado a los ciudadanos. Entre los motivos que da es por lo que él llama la “niche information”. Se refiere al proceso por el cual la información, debido a la gran cantidad que hemos ido teniendo paulatinamente a lo largo de las últimas décadas, la podemos seleccionar de acuerdo con nuestras preferencias. Así, terminamos nutriéndonos sólo de un tipo de información y ello nos lleva a la radicalización.

Antiguamente, al haber mucho menos oferta, teníamos a mano un puñado de cadenas de televisión y de periódicos y nos veíamos abocados a recibir información de cualquier signo, además de que no se sesgaba la información en exceso.

Nassim Taleb explica en su libro “El Cisne Negro” que recibir mucha información no nos hace mejor informados. En la cantidad de datos que recibimos también va mucho ruido de fondo. Recibir mucha información entonces nos puede llevar a formular nuestras propias teorías con datos inexactos. Y todos sabemos la dificultad que hay en cambiar una idea ya establecida en nuestra cabeza. Incluso desconfiamos de casi todas las injerencias dirigidas a hacernos cambiar de opinión y admitiremos más fácilmente la información que confirma lo que creemos (sesgo de confirmación).

¿Qué podemos hacer dentro de nuestras posibilidades?

  • Dejar madurar la actualidad unos días. No asumir la narrativa del hecho inmediatamente después de ocurrir como la verdad sobre lo ocurrido. Daremos tiempo así a que el dato sea más fehaciente y evitaremos muchos de los bulos. Además, tendremos tiempo de reflexionar y así hacer una mejor construcción de la información que asimilamos.
  • Todo el mundo es bueno, o la gran mayoría. Y este tiene que ser un punto de partida que debemos adoptar como comportamiento. Si el trato hacia los demás viene determinado en una escala de valores en la que en primer lugar ponemos la presunción de bondad, luego será más fácil el diálogo. Además, también se puede usar como un argumento-guía el hecho de que casi todos queremos una sociedad mejor, más justa e igualitaria.
  • Método científico. Tenemos que derivar hacia una defensa científica de los hechos. En el terreno político, que es el que concretamente estamos tratando, hay suficiente experiencia acumulada para poder saber los resultados de la aplicación en la vida real de muchas políticas.

Por ejemplo, recuerdo un documental en el que comentaban una de las medidas aplicadas en el sistema educativo público de Gran Bretaña. Con el objetivo de que las familias pudieran elegir entre los distintos centros, se impuso un sistema de evaluación en el que cada centro tenía una nota. La idea puede parecer buena. Pero lo que ocurrió en los años siguientes fue que las viviendas cercanas a los centros mejores valorados vieron incrementada su demanda y, con ello, su precio.

Esto llevó, paulatinamente, a un desplazamiento de las familias menos adineradas a las zonas en torno a los centros educativos peor valorados. Así, los estudiantes de mayor poder adquisitivo terminaron teniendo una mejor educación que los estudiantes menos afortunados. Y esto va en contra de la idea de una sociedad meritocrática porque la meritocracia parte de una igualdad de oportunidades. Y si tenemos distintos niveles educativos entonces ya no existe esa igualdad.

Obviamente, la medida de evaluar los centros respondía a otros motivos distintos a los defendidos en su momento, pero no es el lugar donde entrar en ello. Creo que es de cajón que, dando respuesta a la igualdad de oportunidades, el esfuerzo del Estado ha de ir dirigido a que toda la enseñanza sea buena y de calidad para todos.

Conflicto

Photo by Frank Busch on Unsplash

 

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