Hace ya décadas, a raíz de una propuesta de emprendimiento, haciendo cábalas con las posibilidades que ofrecía, me vine arriba e imaginé un futuro tan magnífico que lo llamé para mí “la edad de oro del hombre”. A esta visión la acompañaba una imagen de una película de ciencia ficción, donde una nave extraterrestre inmensa, vista por dentro, tenía una fachada gigantesca, llena de luces de las viviendas que había por toda ella. Llegué a imaginar incluso una charla con uno de los habitantes y me maravilló la felicidad de su rostro.
Tengo la creencia de que el progreso social puede llevar a un desarrollo tecnológico. Este tipo de progreso (entendido como la mejora democrática y todos los impactos que esto tiene) genera confianza entre las personas. Esto facilita las relaciones comerciales, crecen los recursos y, con ellos, la inversión en tecnología.
Hay otro tipo de desarrollo tecnológico que es aplicado en las empresas con el objetivo del desarrollo de productos y servicios para el consumo y mejorar la experiencia del usuario. Pero hay ocasiones que ciertos desarrollos sólo van dirigidos a la mejora de los beneficios empresariales.
Por ejemplo, está el caso de Hewlett Packard y las actualizaciones de firmware que bloquean cartuchos de tinta de terceros. La mejora no se dirige a una mayor satisfacción del usuario, sino que reduce la utilidad del producto. Aunque la empresa lo presente como seguridad, calidad e integridad del sistema.
Aunque para mí, el caso más aberrante es el de Exxon. Investigó el cambio climático desde los años 70 y predijeron el calentamiento global con bastante precisión, estimando una tendencia aproximada de 0,20 grados centígrados por década. Sin embargo, la empresa públicamente se dedicaba a sembrar incertidumbre sobre el tema. Publicaba información falsa, financió a grupos escépticos, defendía una supuesta “incertidumbre científica”, etc. Todo esto llevó a que se retrasara una respuesta política al problema.
También tenemos estados que desarrollan tecnología para el control social, como es el caso de China. Aunque el país también desarrolla tecnología para servicios útiles, gran parte de ese desarrollo va dirigido a potenciar un sistema autoritario de vigilancia.
Pero, actualmente, hay un proceso que está poniendo en riesgo nuestro modo de vida. Son personas que, favorecidos por el desarrollo tecnológico que han liderado, la riqueza que por ello han conseguido y la falta de respuesta por parte de la política, han montado toda una ideología basada en el desarrollo tecnológico como motor de la historia, poniendo en duda otros elementos que nos hacen progresar, como puede ser la democracia, los derechos sociales, etc.
En esta entrada Igualmente libres hablaba de personajes como Elon Musk, el cual dijo que “la debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía, la explotación de la empatía.” o Peter Thiel y lo que escribió en un artículo “ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.
También nos encontramos con el Manifiesto Tecno-Optimista el cual presenta como enemigos conceptos como sostenibilidad, responsabilidad social o la ética tecnológica y aboga por el aceleramiento tecnológico como el mejor método de resolver los problemas sociales, políticos o ecológicos, pasando por la eliminación de los procesos regulatorios. O el Manifiesto Palantir que viene a defender prácticamente lo mismo.
Así, de una forma llana, lo que vienen a decir es que la sociedad es un sistema ineficiente y debe ser optimizado. Pero no como lo percibimos en cuanto a principios democráticos sino apelando a una dirección de tipo empresarial para optimizar sus elementos.
Es difícil no hacer un paralelismo con el Manifiesto Futurista italiano que fue una de las raíces ideológicas del fascismo.
Los tres manifiestos tienen principalmente estas semejanzas:
– Culto a la velocidad y la acción
– Rechazo al freno moral o institucional
– Tecnología como fuerza histórica superior
– Tergiversan motor tecnológico con sentido humano del progreso
Hace pocos días el Papa León XIV advertía sobre el riesgo de control social con la inteligencia artificial, manifestando que puede condicionar los procesos democráticos. También me ha resultado muy interesante un fenómeno que ha ocurrido en varias conferencias a estudiantes en Estados Unidos. Discursos que han dado este tipo de personajes de los que he estado hablando, vanagloriando la Inteligencia Artificial, han sido rechazados. Por ejemplo, Eric Schmidt, ex CEO de Google, fue abucheado al hablar de IA y empleo en una ceremonia de 10.000 graduados en la Universidad de Arizona. O en la graduación de la Universidad de Florida Central.
Hay cierta crítica a la actitud de estos estudiantes, que su motivación es que ven sus puestos de trabajo, para los que se han formado, en riesgo de desaparecer en poco tiempo. Hay quien critica esta postura porque, sostienen, es ir en contra del progreso. Pero volvemos al mismo punto: qué se entiende realmente como progreso y cómo medir la bondad del desarrollo tecnológico. Esta medida entiendo que reside en su impacto en la sociedad en su conjunto.
Como he leído en varias ocasiones, la tecnología no es neutra. Es sólo una herramienta y, como tal, está al servicio de los intereses de quien la maneja. Considero que no debería dejarse la tecnología actual en manos de intereses privados como acontece, haciendo creer que es por el bien común cuando lo que persiguen es un beneficio personal. Y espero que lo más pronto posible, a nivel mundial, se produzca un rechazo generalizado. Que, como en otras ocasiones en la historia, la defensa de la democracia se anteponga a ciertos intereses individuales.

Hola Miguel. Como siempre, excelente reflexión.
Desde mi punto de vista, las nuevas tecnologías y la IA pueden traer muchos beneficios y se usan correctamente. Por ejemplo, como soporte y ayuda para estudios. Yo la uso mucho para ese fin y, sinceramente, veo muchos beneficios.
Por otro lado, y como mencionas en el artículo, hay grandes potencias que solo las usan como cuentes de datos para manipularnos como marionetas, infelizmente.
Gente de bien, empresas de bien y fundamentos de bien y de ética humana y profesional hay muchísimos pero, infelizmente, también existe el lado opuesto.
No estoy en contra de las nuevas tecnologías o IAs, al contrário, soy usuário y estudiante de ellas y pienso que, aunque las potencias las usan en su próprio benefício y muchas vezes de una manera antiética, podemos transformar esas imposiciones en algo que nos pueda beneficiar.
Y como pienso…Frente a lo malo, hay que sacarle lo positivo.
Gracias por compartir tus pensamientos.
Un abrazo.
Rafa.
Gracias por tu comentario Rafael. Estoy de acuerdo contigo.
Si te interesa el tema tienes el Center for Humane Technology una organización sin ánimo de lucro centrada en la «tecnoética»
https://www.humanetech.com/
Hola Miguel.
Sin desperdicio alguno. Depende de nosotros el uso que demos a la IA y que sea constructivo como menciona Rafael.
Nosotros como sociedad debemos poner los límites a quienes quieran imponer su particular e interesado punto de vista sobre el uso de la tecnología, uso que debe ser en beneficio de todos.
Un abrazo.