¿ ” To fight for to live ” ?

Miguel_Carrero

Miguel Carrero

Salía distraído al recibidor de la planta, donde están las puertas de los ascensores, y no le di importancia al joven que trabajaba trasportando unas placas. Pero atrajo mi atención la camiseta que llevaba con la frase del título de esta entrada.

“Luchar por vivir”

Fue  cuando me fijé en su rostro, fiel reflejo del mensaje; un perfil cansado de esfuerzo donde se difuminaba su juventud.

Y empezó a venirme a la mente todas esas personas que conozco que viven con dificultades y resignación, con trabajos que prácticamente te dan lo justo para vivir o menos, con presiones, también en mis circunstancias, para cumplir con horarios que no dejan tiempo para hacer una vida. Y en el poco tiempo libre que tenemos para detenernos y pensar, se nos bombardea con estilos y patrones sociales que promueven el ansia por tener, en vez de facilitarnos fórmulas de conexión con lo que realmente nos hace desarrollarnos como personas.

Incluso el lenguaje es adaptado a este esquema perverso del mundo. Por ejemplo, en las empresas el departamento que gestiona la relación con las personas que allí trabajan se llama “Recursos Humanos” … recursos. ¿No te sientes cosificado?

To fight for to live A

Los estilos de vida de las sociedades están fuertemente relacionados con las normas, leyes y costumbres y no puedo escapar a la tentación de la comparativa con países que priman el bienestar del individuo, como los países nórdicos donde las personas trabajan, ganan lo suficiente y tienen tiempo para vivir, que no quiere decir que sean idílicos porque también tienen sus problemas. ¿Y por qué las diferencias? ¿Quién sale ganando con ello? ¿De verdad alguien gana con el sufrimiento de otros?.

En el documental “La Revolución Altruista” explican el fuerte contraste que hay de comportamiento en una misma persona que en su círculo más cercano profesa la bondad pero que con otros grupos que no los considera como suyos se comporta como un psicópata. Hay una explicación evolutiva en este comportamiento bipolar, de tal modo que la cohesión del grupo en entornos determinados (propios de otras eras pasadas) facilitaba la supervivencia, así como también delimitar a los otros era una forma de protegerse de grupos competidores por los recursos.

Pero también hablaban de que el cerebro es plástico. ¿Cómo si no podemos cambiar radicalmente nuestro comportamiento con, por ejemplo, simplemente aplicar una sencilla ley?. Recuerdo  la situación que vivimos en España con la ley antitabaco que prohibía fumar en lugares donde hubiera grupos de personas, tanto privados como públicos; los detractores incluso defendían que iba a ser imposible llevar a cabo su aplicación, que habría problemas, que la gente no lo aceptaría, que la industria tabaquera impondría su criterio… y sin embargo ya hace más de una década y la nueva situación se toma con naturalidad y difícilmente creo que aceptásemos volver a la situación anterior.

Y es gracias a esa plasticidad que se puede enseñar al cerebro a crecer el tamaño del grupo y que nadie quede fuera de nuestro ámbito de bondad. No hay mayor transformador evolutivo para las distintas sociedades que la cultura y es perfectamente posible. Se trata de cultivar la bondad.

También la política tiene un peso importante en esta transformación porque modifica el cuerpo de normas de convivencia, además del activismo de cada uno de nosotros exigiendo esa bondad tan necesaria.

Pero dando respuesta a una pregunta anterior que hacía “¿De verdad alguien gana con el sufrimiento de otros?”. Si unos se sirven de otros para mejorar su calidad de vida, lo que se acentúa son las desigualdades y esto termina afectando a la calidad de vida no sólo del afectado sino del que afecta (animo a leer el libro “Desigualdad: Un análisis de la (in)felicidad colectiva”) reduciendo incluso la esperanza de vida de ambos, porque las desigualdades generan desconfianza y deriva en estrés, que provoca que tengamos cortisol y ello afecta a la salud de todos.

No podemos permitir que iguales nuestros tengan que luchar para vivir. Las leyes, la cultura y costumbres pueden diseñar otro tipo de sociedad más humana en el que todo se base en perseguir la felicidad de todos. ¿Es que hay un mejor progreso que este?

6 comentarios

  1. María José Iglesias

    Me ha encantado tu artículo, haces una gran reflexión de la vida actual. Necesitamos un gran cambio, es cierto que a nivel de trabajo tenemos mucho que aprender de los países nórdicos. En esta vida venimos para ser felices y con un propósito, pero este mundo laboral que tenemos, en la actualidad, a veces nos lo empide.
    Enhorabuena, Miguel

  2. Qué cierto es lo que dices.
    Entre todos podemos aportar nuestro granito de arena para que esta sociedad sea mentalmente más sana y podamos ser más felices; pero es cierto que si las grandes corporaciones, políticos, instituciones y demás se pusieran en serio con este tema mejor nos iría.

    • Hola, Verónica.
      Muchas gracias por tu comentario.

      Estoy de acuerdo con lo que dices. Aunque yo no esperaría a que «los otros» hagan algo. Aún no han superado ese paso evolutivo de sentir a toda la humanidad como una. Así que nos queda el activismo, cada uno de nosotros actuar e interactuar para conseguir ese nuevo mundo. Tenemos el poder y la capacidad.

  3. Por eso hay que dejar de seguir patrones y enfocarse mas en lo que a cada uno de manera individual le satisfice. La utopia no es gratis, exige esfuerzo y trabajo, pero si estamos convencidos la pasion ayuda a empujar.

    Ni que decir tiene que los trabajadores con nuestras decisiones individuales (la mayoria influidas por el miedo) estamos haciendo del entorno laboral un Sistema «insobrevivible», si puedo usar esa palabra. Deseando compartir un café con el autor para seguir debatiendo.
    Como siempre, gracias por darle al boton de pensar!

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