Cosas que cambiar

COSAS QUE CAMBIAR 1
Ben White

Hace pocos días estuve dando un paseo, una mañana de invierno con sol, pero encogido de frío. Como otras veces, mascullaba mis preocupaciones como cuando un pedazo de carne correoso se hace bola en la boca. Casi sin pensarlo cogí el móvil por distraerme y mientras caminaba empecé a mirar cualquier cosa. En una red social un conocido compartía un vídeo de un “flashmob”. En medio de la calle, iban apareciendo músicos interpretando la parte más conocida de la novena sinfonía de Beethoven, hasta que se hizo una orquesta con coros. Me emocionó ver cómo hasta los más pequeños se quedaban embelesados mirando y escuchando.

Esto trajo a mi recuerdo aquellas imágenes que espontáneamente aparecieron en mi cabeza cuando me facilitaron la capacidad de soñar con una propuesta. Imaginaba una escena futurista de un edificio semejante a una nave espacial de muchas plantas. Las ventanas irradiaban luz cálida y una sensación de paz me empapaba como si cruzara mi cuerpo una nube en una tarde de verano. Y un ser que parecía ser yo mismo, mi semejante, me narraba sin palabras todas esas emociones que eran comunes a los que allí habitaban. Y a esa visión le puse el nombre de la Edad de Oro del hombre. (Ahora mismo, evocando todo esto, aparece en mi memoria la frase de una canción de Haze “La humanidad es una fiesta por celebrar”)

Todos recurrimos mentalmente al activismo, sea del tipo que sea, como el principal medio para conseguir cambios. Pero no sólo hay que poner foco en estas acciones sino las que derivan de estas. Me refiero al impacto que tiene en el comportamiento de las personas el buen hacer de otras. Al final, se generan movimientos globales de cambio que son los que realmente impactan. Creo que una forma de explicarlo es con este texto Christian Felber de su libro “La economía del bien común”:

“ […] si los ríos, lagos, bosques y campos ofrecen de nuevo un lugar de descanso; si las viviendas y las casas ya no necesitan petróleo y gas debido a un buen aislamiento, al uso de materiales naturales y a un diseño inteligente (y los países ya no emprenden guerras por el control de los recursos); si los muebles huelen a madera natural y halagan a los ojos como los pies descalzos; si la comida alimenta y llena de energía; si se pudiera llegar a pie a todos los sitios importantes a diario, o en un transporte público adecuado; si el ambiente de trabajo está libre de estrés, es relajado y se aprecia; si la pobreza y la mendicidad en las calles y lugares públicos desaparece, porque todos están integrados en la vida social y económica con igualdad de oportunidades y derechos; y si todos saben que su estilo de vida no priva a la gente en otros países alrededor del mundo ni a las generaciones futuras de sus oportunidades de existencia y de desarrollo, entonces ¡se vive simple y llanamente mejor! “

Pero nos encontramos con circunstancias globales que dificultan los cambios. Hay mucho escrito sobre el tema, yo he identificado estas:

  • Una transformación del mundo tan rápida que parece no dejar tiempo a reaccionar. Las estructuras actuales de estilo de vida, consumo, etc., tienen la base de un concepto de recursos suficientes. Pero es ya evidente que estos recursos son limitados para la cantidad de personas que somos. Y aunque nos estamos adaptando a esta nueva realidad el ritmo es muy lento.
  • La falta de una gobernanza mundial efectiva. La ONU no tiene suficiente poder para ser eficaz y muchos estados tienen una visión estrecha y limitada a sus fronteras.
  • La supuesta ciencia económica asumida como dogma. Cualquier medida económica es ideológica, y muy pocas veces es capaz, previo a su aplicación, de identificar todos los efectos que puede tener. El esfuerzo fiscal es un índice que no tiene sentido, casi nunca están ligados el aumento de salarios y de precios, la bajada de impuestos a las clases altas no deriva en un “derrame” de riqueza hacia toda la estructura social, etc. Muchas de estas ideas son fruto de la estupidez humana (no sólo el que la inventa sino el que la cree y la aplica) y otras tantas son por intereses concretos, no globales.

Cuando hablo de estupidez humana, casi siempre va referido al sesgo de confirmación, la tendencia a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma nuestras propias creencias. Así muchas veces surge un supuesto erudito que propone una supuesta teoría que incluso se ha podido demostrar que no funciona. Y sin embargo el autor sigue defendiéndola (y los que la aplican insisten en llevarla a cabo).

Hay otro problema que lo trato aparte porque creo que no hemos sabido dimensionarlo todavía. El 1% de la población es psicópata, personas narcisistas que no sienten empatía hacia el sufrimiento ajeno, ni remordimientos, y tan inteligentes como para manipular a otros fácilmente. Y este porcentaje aumenta a un 4% cuando nos centramos sólo en puestos de poder o responsabilidad. Sería interesante hacer un análisis de cómo puede afectar el ejercicio de poder de un psicópata en una organización, cómo la cultura de la misma puede ser impactada.

También es interesante el análisis que hace de las grandes corporaciones el Doctor Robert D. Hare. Se puede ver en el documental La Corporación. Hay un paralelismo de las prácticas corporativas y los síntomas que se consideran definitorios de la psicopatía. Esto puede servir para explicar el comportamiento de las grandes corporaciones. Por ejemplo el caso de Exxon Mobil que sabía desde los años 70 el efecto de las emisiones de CO2 y lo ocultó. De algún modo tenemos que atajar este problema, cada día que pasa más grave porque el poder de las corporaciones llega a ser supranacional y es muy difícil que un solo país logre frenarlas.

Creo que una de las cosas que necesitamos son faros morales y un simple texto, sin necesidad de que hable directamente de un concepto, la sensación que deja su lectura es la mejor imagen de este. En este contexto, recuerdo siempre estas palabras de Chesterton:

“Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza.”

Como civilización ¿Dónde ponemos el foco? ¿Hacia dónde nos dirigimos? Es lo que hay que redefinir.

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