Lo único que importa

Leí hace tiempo un libro de divulgación científica de James Trefil La Cara Oculta del Universo. Fue mi primer contacto con descubrimientos sobre el universo y su funcionamiento, como por ejemplo la materia oscura. Uno de los temas que aborda es su posible destino, haciendo mención a que, probablemente le espera un futuro frío y oscuro, apagados sus últimos rescoldos en una inmensidad negra.

Esto era llegando prácticamente a la última página, cuando por sorpresa me encuentro, como cierre, un texto titulado “Una conclusión”. En este da un punto de vista filosófico sobre cómo enfrentarse a esta realidad, que toda existencia podría acabar en nada. Y el autor lo reduce a un simple planteamiento.

“Lo que llegué a ver finalmente fue esto: puede ser cierto que en un cuatrillón de años el universo se haya convertido en un mar de radiación frío y en expansión. Puede que no haya nadie mañana que sepa cómo me comporto, nadie para recordar lo que hizo ninguno de nosotros. Pero eso no importa. Lo importante es que yo sabré mañana lo que he hecho, sabré si he sido la mejor persona que podía ser.

Y al final, amigos míos, eso es lo único que importa”

Lo único que importa. Lo único de lo que podemos estar seguros es de lo que nosotros sabemos de nosotros mismos. Podemos autoengañarnos, pero siempre, tarde o temprano, vemos nuestra imagen reflejada en el espejo que tenemos dentro y vemos la realidad desnuda, buena o mala pero cierta.

Entiendo esto como un posicionamiento ético ante la vida: no depender de ninguna valoración externa, sólo de nosotros mismos. Tampoco es la base de medida de cumplimiento de objetivos, no se trata de eso. Es, más bien, de exponerse a la verdad de nuestros actos y según entendamos el bien y el mal ser consecuentes con una valoración sincera.

Solo hay un rincón en el universo que sabes que puedes mejorar, y ese eres tú.

Aldous Huxley

Y esa posibilidad de mejora no se trata sólo con pensarlo que se puede hacer, sino de tomar acciones para lograrlo. Puedo pensar que puedo mejorar y puedo valorar que lo he hecho por las acciones que he llevado a cabo.

Aunque debemos tener muy claro que el devenir de los días, las circunstancias que no controlamos, ponen a prueba nuestra determinación y muchas veces, casi sin darnos cuenta, nos apartamos de aquello a lo que damos valor. Y el evaluarnos no es para emitir juicios sino para saber que nos hemos salido de la vía que nos hemos trazado y volver a centrarnos.

Me gusta la metáfora del sistema de guiado de misiles, el rumbo de estos se desvía constantemente y lo que hace el sistema es una corrección continua. No valora, no enjuicia, sólo corrige. Si tomamos nota de las cosas que vamos a hacer mañana, debemos incluir no sólo aquellas cosas que tenemos que hacer porque tocan, también toca hacer lo que nos enruta de nuevo.

Una herramienta que siempre recuerdo con cariño es la que he adquirido en mi larga relación que he tenido con el escultismo: “Cada día una buena acción”. Aunque creo que es un planteamiento de mínimos, se pueden hacer varias, muchas cada día. Pero empezando con una el cambio en nuestro entorno, al cabo de los días, es notable. Es entonces cuando podremos saber que somos mejores porque hacemos el bien.

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Imagen de Javier Allegué Barros

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