No quiero estar cómodo

Esta mañana me he levantado con la intención de correr de nuevo, llevaba casi una semana sin poder hacerlo por una lesión absurda (que por un poquito de vergüenza no cuento). Como estamos en ola de calor, lo mejor era buscar las horas más frescas del día. Así que, aprovechando que tenía que recoger el coche, que lo teníamos aparcado bastante lejos de casa, he seguido un recorrido urbano buscando la mayor cantidad de sombra.

Al llegar a casa, he desayunado con mi mujer en el patio (agradecido de poder disfrutar de este lujo, por el entorno y por la compañía) y luego he salido con el perro a dar un paseo, tranquilo, dejándole hacer con sus olfateos.

Ya de vuelta, tenía dos recados pendientes en dos comercios que están más o menos cerca de donde vivimos. Y, siguiendo la rutina, he cogido las llaves del coche y he salido a la calle… Y me ha surgido la duda.

No tenía sentido. Salgo a correr, desayuno sano y paseo con tranquilidad y ahora, para los recados ¿cojo el coche? ¿Qué ganaba con ello? Comodidad y tiempo. Pero ¿y si voy andando? ¿no tendría más sentido siguiendo la línea de actuación que he seguido esta mañana? Pues nada, andando. He tardado un poco más (no mucho más), pero he movido un poco más el cuerpo y me he dejado llevar por pensamientos agradables, disfrutando el camino.

Y he recordado en el trayecto que, probablemente, me ha movido a mi decisión un pequeño extracto de un vídeo que vi de Joaquín Araujo que hablaba sobre ello. Me quedé la enseñanza, aunque aún disfruto de la agradable sensación de descubrimiento.

Siempre procuro analizar las cosas desde varios puntos de vista. Por ejemplo ¿por qué buscamos tan desaforada y peligrosamente la comodidad? Simplemente porque la vida funciona así, procura desenvolverse con el menor gasto de energía. Es uno más de los comportamientos humanos (entendidos como parte del desenvolvimiento dentro del reino animal al que pertenecemos) pero que puesto en contexto de una civilización (que no es un medio natural normal) puede producir efectos adversos (si cojo el coche mi salud se ve mermada y contamino).

Esto, gracias a otra característica de nuestra especie, el consciente, con la que somos capaces de modificar nuestro entorno. Con ello puedo razonar que si cojo el coche será un menor gasto de energía para mi cuerpo. Pero realmente será mayor por el consumo de combustible para moverme a mí y, absurdamente, a un vehículo de mil quinientos kilos. La comodidad nos empuja a un análisis más simplista que vemos razonable pero no lo es si analizamos el conjunto. Y puedo elegir entre ambas, es parte de la base del desarrollo social: la ideología.

Concluyendo: no quiero estar cómodo. Quiero sentirme feliz entendiendo que los pequeños actos, aún suponiendo un esfuerzo, tienen una gran repercusión. Lo de la rapidez ya lo hemos visto en otra ocasión, lo podéis enlazar aquí. Y os recomiendo la lectura del libro Elogio de la lentitud, de Carl Honoré.

Frente a la montaña
Imagen: Massimiliano Morosinotto

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